Te veo y te escucho en mis sueños,
de los cuales, nadie me puede salvar.
Veo y escucho aquellas voces mártires que apedrean mi
corazón.
Veo y escucho aquellos gritos de espadas que traspasan
mi alma envenenada de amor,
que eras tú.
Veo y escucho aquello que no quise, ni quiero
escuchar.
Por qué me sigue hablando aquella verdad pragmática
del sentimiento de la vida.
Por qué no me habla aquella otra verdad, de aquel
hombre que llora, que siente, que
muere, que sobre todo muere…
Acaso tienes la misión de matarme más,
Acaso un ser inerte puede morir más,
Como aquel cadáver de Vallejo,
El cual siguió muriendo.
¡Por favor!
¡Déjame!
No me hables,
en mis sueños,
Pues sigo llorando en ellos.
Renuncia a mis sueños que son mi calma.
Pues en una sociedad enferma,
difícil es conseguir reposo
He perdido la alegría de la carne y el espíritu que
eras tú.
Y tú…
Aún me sigues matando despiadadamente, como siempre,
como si no te importara nada…
Más si, te importaba algo, ah, eso era tú.
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