Si no crees en Dios y dices luego…
Qué bello es esto, por ejemplo y no un ejemplo fácil,
en el arte.
Contemplar un Van Gogh, un Magritte o un Dali.
La belleza nos viene al encuentro por la osadía de los
trazos, de aquellos colores,
de aquellas tonalidades, de sombras inesperadas, por
su juego con la realidad y en la realidad.
Pero en el caso de la literatura o en la filosofía,
que es más que lo anterior…
Cómo puedes decir que algo es bello y además sentirlo
y sentirte poseído por él. (Por el arte filosófico)
Si tan sólo las letras son letras tras letras
O palabras tras palabras
No ves imágenes,
No ves colores
No vez trazos,
No vez sombras,
Aunque algunas de ellas te dejan en ellas.
Y en el mejor de los casos.
Sólo ves un papel blanco con letras negras
Me dices cual es lo bello aquí, no propiamente aquí,
sino en la literatura, pues estos son recién primeras expresiones de lo que
algún día quisiera ser.
Donde está, donde radica lo bello; en la ortografía,
en la caligrafía, si, en parte, pero no en el todo, que es más que la suma de
las partes.
De pronto lees a un Saramago, a un Sábato, a un Wilde,
a un Alighieri, entre otros muchos, sobre todo a un Borges, porque hay dos, uno quien dejo de ver ese papel blanco con letras negras, para ver sombras negras
en una realidad blanca, por jugar un poco con Saramago.
Qué hace que todo esto sea magníficamente bello y te
haga llorar de rodillas y sangrar por último almas muertas... Mientras vas
quedando purificado en lo bello, en esa angustia de querer más color, más
letras negras, más belleza, por último, más Dios.
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