1) Señalar
o indicar las principales características de la reflexión ética.
La ética como disciplina
filosófica, es decir, como una reflexión crítica de la vida misma del hombre se
caracteriza:
a)
Por presuponer el conocimiento práctico,
es decir presupone la captación del bien que es posible realizar, presupone el
juicio acerca de la cualidad moral de las acciones y presupone la deliberación
de que acción es la más adecuada.
b)
Por reflexionar sobre la experiencia moral
del hombre, no se trata de cualquier experiencia del ser humano, sino sobre
todo aquellas que el hombre hace con libre elección y conocimiento de causa.
c)
Se caracteriza por tener como fin último
una vida buena, vivida en virtudes, costumbres e instituciones, y no así por
tener un tipo de recetario donde se establezca las normas de carácter universal
o leyes.
2)
Señalar la relación entre la condición
moral y la felicidad como es presentada en las tres éticas que señala Bernaola
Bernaola
hace una distinción muy sencilla y muy clara sobre dicha relación entre moral y
felicidad. Dicha relación dependerá de cómo se entienda y se muestre al hombre,
si bien la ética es una reflexión del obrar humano, esta puede presuponer al
hombre de las siguientes perspectivas, en su esencialidad, en su formalidad o
por último en su materialidad pura, de donde se desprenderá la pragmaticidad o
utilidad propia del hombre inglés.
a)
En una primera etapa de la historia se
presentaba un grupo de filósofos como lo fueron Sócrates, Platón y Aristóteles,
estos personajes nos brindarán su punto de vista de lo que es el hombre, ya sea
en su “intelectualismo” o en su “participación” del bien en sí, como aquel
habito que perfecciona al hombre mismo. En esta primera etapa la condición
moral y su relación con la felicidad dependerá de la vivencia de las virtudes.
Es decir, la vida feliz es una vida según la virtud. La felicidad, por lo tanto,
es una actividad según la virtud. Ya Aristóteles, hacia la distinción que más
adelante aprovechará la época medieval en su representante Santo Tomás de
Aquino. La felicidad perfecta, que es aquella felicidad de unos “cuantos pocos”
que podrán acceder al conocimiento contemplativo. Y su contrapartida, la
felicidad imperfecta, es esa vida vivida en virtudes, es decir una vida exigida
por la propia razón. La felicidad vivida por elección de la virtud, pues la
felicidad no se elige sólo se tiende a ella, se le busca.
b)
En una segunda etapa de la historia, como
fue la época medieval, Santo Tomas recogerá la tradición aristotélica del
substancialismo o ética esencial, de aquello que el hombre es, teniendo como
punto de partida la revelación. Es decir, no modificará esencialmente o
sustancialmente los contenidos de la tradición aristotélica. Es decir,
presentará de igual modo: La felicidad perfecta que es esa felicidad del
conocimiento contemplativo de Dios. Y la felicidad imperfecta, aquella vida
vivida en virtudes, más revelación, Es decir una felicidad incoada. Y en esto
es muy platónico Santo Tomás, pues es una visión de participación de la
felicidad. Por ello tomará un paso de diferencia respecto a Aristóteles, pues
para él la felicidad es el fin último, llevado del mejor modo de vivencia de
virtudes, mientras que para Santo Tomás. Dios es el fin último de los actos
humanos. Mientras que el paradigma antiguo se presentaba la filosofía moral no
obligaba a portarse como una religión, la filosofía moral en la época medieval,
tendrá un esclarecimiento por parte de la religión revelada, Lo que estaba no
reconciliado (versöhnt) la revelación lo reconciliara por medio de del fin
último, que es Dios mismo. Lo cual no destruirá la autonomía de la razón, ni
destruye la tradición y no destruye la labor o funcionalidad de las demás
virtudes. No hay que identificar por la sola razón la felicidad y la moralidad.
Esto solo es posible cuando partimos del dato revelado. (felicidad incoada)
c)
En la tercera etapa de la historia como
son las edades modernas y contemporáneas, se ha caído más que en un retroceso,
pues ahora se da un vacío, como no se dio en el pretérito. Si la revelación nos
proponía una felicidad incoada y si la tradición nos proponía una felicidad por
le menos imperfecta para la gran mayoría, la edad moderna acabo con la “versöhnt”,
aquella reconciliación alcanzada por la revelación. Ahora no se participa de la
luz del sol, no se participa de un hábito electivo. Ahora se presenta al hombre en una
udimensionalidad, donde lo único que importa es el método experimental. Acabado
los fines y el nacimiento de las ciencias exactas y por lo tanto de las leyes. La
felicidad absoluta será el cumplimiento de la norma moral. Por ello ya desde
Kant se presentaba una ética formalista o con S. Mill, la felicidad como más
placer y menos dolor, la felicidad se centraba ya no en una elección de vivir
bien, sino en los aciertos de nuestros actos, lo cual sustentaba la metodología
empirista de la felicidad. El utilitarismo no es otra cosa que la producción de
la felicidad y la reducción de la infelicidad, términos que claramente ofrecen
una caracterización empírica. Muerta el alma del hombre se acabó el movimiento
metafísico del fin en si mismo. En el fondo y bien lo expresa Bernaola, “la
razón desarraigada de las tendencias que constituyen la base natural de la
conducta humana, es el aspecto común de la razón intuitiva de las éticas
empíricas o materiales de los valores”, lo cual se manifiesta en contra
de la razón, de Dios y la revelación. Con lo cual se llega a la función
calculadora de la razón. Desnaturalización de la razón, desarraigo a y de las
tendencias. Autonomía de la razón sobre las tendencias. Donde se reclama
pluralismo ético, lingüístico y de bienes. Es decir, ante una verdadera
felicidad proveniente de la religión nos quedamos con el mito de la razón
ilustrada. Por ello la ética como perfección del obrar humano hoy es algo
sospechoso, pues supone aceptar tácitamente un tender hacia lo humano y por lo
tanto una naturaleza que limita a priori la libertad autónoma.
3) Por
qué la filosofía moral o ética es una necesidad para el hombre.
Porque sin la filosofía
moral el hombre no alcanzaría su propio sentido de su existencia de una vida
buena. La filosofía como una disciplina filosófica es una constante llamada a
la razón humana, tanto teórica como práctica, a la conducción correcta hacia el
fin último. La filosofía moral es recuperar el fin teórico por medio de una
vida práctica. Sin la ética el hombre caería en lo que ha caído el hombre en la
modernidad o bien en una moralidad encerrada dentro del propio subjetivismo o
bien a terminado exteriorizada en un objetivismo olvidándose de su ser hombre.
Hemos de buscar aquella reconciliación, que nos ayude a superar aquellas
enajenaciones del hombre mismo. El hombre sin un sentido, deja de ser hombre. Y
se convierte en algo arrojado al mundo donde no encuentra ni paz ni sosiego, no
hay virtud, no hay valores, no nobleza, no hay aquellas cosas que enmarcan la
concepción de un hombre esencialista, de aquello que es el hombre en su bidimensionalidad,
y para esto es necesario navegar por segunda vez al conocimiento contemplativo de
la verdad. Pues si somos seres, hemos salido del ser, y volvernos al ser del
que salimos, pero para poder regresar debemos purificarnos en nuestro propio
despliegue o desenvolvimiento ético de nuestra narrativa vivida sin corte
alguno, por ello la ética es una vida histórica vivida y no momentos aislados
de virtud. La filosofía moral es una necesidad para el hombre, pues en el
hombre hay una necesidad metafísica insatisfecha. Y si el hombre es “capax Dei”,
por qué no tratar de verlo.
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