domingo, 22 de enero de 2017

Preguntas sueltas a la ética explorada de Ana Marta Gonzalez.


1)      Señalar o indicar las principales características de la reflexión ética.
La ética como disciplina filosófica, es decir, como una reflexión crítica de la vida misma del hombre se caracteriza:
a)      Por presuponer el conocimiento práctico, es decir presupone la captación del bien que es posible realizar, presupone el juicio acerca de la cualidad moral de las acciones y presupone la deliberación de que acción es la más adecuada.
b)      Por reflexionar sobre la experiencia moral del hombre, no se trata de cualquier experiencia del ser humano, sino sobre todo aquellas que el hombre hace con libre elección y conocimiento de causa.
c)      Se caracteriza por tener como fin último una vida buena, vivida en virtudes, costumbres e instituciones, y no así por tener un tipo de recetario donde se establezca las normas de carácter universal o leyes.

2)      Señalar la relación entre la condición moral y la felicidad como es presentada en las tres éticas que señala Bernaola
Bernaola hace una distinción muy sencilla y muy clara sobre dicha relación entre moral y felicidad. Dicha relación dependerá de cómo se entienda y se muestre al hombre, si bien la ética es una reflexión del obrar humano, esta puede presuponer al hombre de las siguientes perspectivas, en su esencialidad, en su formalidad o por último en su materialidad pura, de donde se desprenderá la pragmaticidad o utilidad propia del hombre inglés.
a)      En una primera etapa de la historia se presentaba un grupo de filósofos como lo fueron Sócrates, Platón y Aristóteles, estos personajes nos brindarán su punto de vista de lo que es el hombre, ya sea en su “intelectualismo” o en su “participación” del bien en sí, como aquel habito que perfecciona al hombre mismo. En esta primera etapa la condición moral y su relación con la felicidad dependerá de la vivencia de las virtudes. Es decir, la vida feliz es una vida según la virtud. La felicidad, por lo tanto, es una actividad según la virtud. Ya Aristóteles, hacia la distinción que más adelante aprovechará la época medieval en su representante Santo Tomás de Aquino. La felicidad perfecta, que es aquella felicidad de unos “cuantos pocos” que podrán acceder al conocimiento contemplativo. Y su contrapartida, la felicidad imperfecta, es esa vida vivida en virtudes, es decir una vida exigida por la propia razón. La felicidad vivida por elección de la virtud, pues la felicidad no se elige sólo se tiende a ella, se le busca.
b)      En una segunda etapa de la historia, como fue la época medieval, Santo Tomas recogerá la tradición aristotélica del substancialismo o ética esencial, de aquello que el hombre es, teniendo como punto de partida la revelación. Es decir, no modificará esencialmente o sustancialmente los contenidos de la tradición aristotélica. Es decir, presentará de igual modo: La felicidad perfecta que es esa felicidad del conocimiento contemplativo de Dios. Y la felicidad imperfecta, aquella vida vivida en virtudes, más revelación, Es decir una felicidad incoada. Y en esto es muy platónico Santo Tomás, pues es una visión de participación de la felicidad. Por ello tomará un paso de diferencia respecto a Aristóteles, pues para él la felicidad es el fin último, llevado del mejor modo de vivencia de virtudes, mientras que para Santo Tomás. Dios es el fin último de los actos humanos. Mientras que el paradigma antiguo se presentaba la filosofía moral no obligaba a portarse como una religión, la filosofía moral en la época medieval, tendrá un esclarecimiento por parte de la religión revelada, Lo que estaba no reconciliado (versöhnt) la revelación lo reconciliara por medio de del fin último, que es Dios mismo. Lo cual no destruirá la autonomía de la razón, ni destruye la tradición y no destruye la labor o funcionalidad de las demás virtudes. No hay que identificar por la sola razón la felicidad y la moralidad. Esto solo es posible cuando partimos del dato revelado. (felicidad incoada)
c)      En la tercera etapa de la historia como son las edades modernas y contemporáneas, se ha caído más que en un retroceso, pues ahora se da un vacío, como no se dio en el pretérito. Si la revelación nos proponía una felicidad incoada y si la tradición nos proponía una felicidad por le menos imperfecta para la gran mayoría, la edad moderna acabo con la “versöhnt”, aquella reconciliación alcanzada por la revelación. Ahora no se participa de la luz del sol, no se participa de un hábito electivo.  Ahora se presenta al hombre en una udimensionalidad, donde lo único que importa es el método experimental. Acabado los fines y el nacimiento de las ciencias exactas y por lo tanto de las leyes. La felicidad absoluta será el cumplimiento de la norma moral. Por ello ya desde Kant se presentaba una ética formalista o con S. Mill, la felicidad como más placer y menos dolor, la felicidad se centraba ya no en una elección de vivir bien, sino en los aciertos de nuestros actos, lo cual sustentaba la metodología empirista de la felicidad. El utilitarismo no es otra cosa que la producción de la felicidad y la reducción de la infelicidad, términos que claramente ofrecen una caracterización empírica. Muerta el alma del hombre se acabó el movimiento metafísico del fin en si mismo. En el fondo y bien lo expresa Bernaola, “la razón desarraigada de las tendencias que constituyen la base natural de la conducta humana, es el aspecto común de la razón intuitiva de las éticas empíricas o materiales de los valores”, lo cual se manifiesta en contra de la razón, de Dios y la revelación. Con lo cual se llega a la función calculadora de la razón. Desnaturalización de la razón, desarraigo a y de las tendencias. Autonomía de la razón sobre las tendencias. Donde se reclama pluralismo ético, lingüístico y de bienes. Es decir, ante una verdadera felicidad proveniente de la religión nos quedamos con el mito de la razón ilustrada. Por ello la ética como perfección del obrar humano hoy es algo sospechoso, pues supone aceptar tácitamente un tender hacia lo humano y por lo tanto una naturaleza que limita a priori la libertad autónoma.



3)      Por qué la filosofía moral o ética es una necesidad para el hombre.


Porque sin la filosofía moral el hombre no alcanzaría su propio sentido de su existencia de una vida buena. La filosofía como una disciplina filosófica es una constante llamada a la razón humana, tanto teórica como práctica, a la conducción correcta hacia el fin último. La filosofía moral es recuperar el fin teórico por medio de una vida práctica. Sin la ética el hombre caería en lo que ha caído el hombre en la modernidad o bien en una moralidad encerrada dentro del propio subjetivismo o bien a terminado exteriorizada en un objetivismo olvidándose de su ser hombre. Hemos de buscar aquella reconciliación, que nos ayude a superar aquellas enajenaciones del hombre mismo. El hombre sin un sentido, deja de ser hombre. Y se convierte en algo arrojado al mundo donde no encuentra ni paz ni sosiego, no hay virtud, no hay valores, no nobleza, no hay aquellas cosas que enmarcan la concepción de un hombre esencialista, de aquello que es el hombre en su bidimensionalidad, y para esto es necesario navegar por segunda vez al conocimiento contemplativo de la verdad. Pues si somos seres, hemos salido del ser, y volvernos al ser del que salimos, pero para poder regresar debemos purificarnos en nuestro propio despliegue o desenvolvimiento ético de nuestra narrativa vivida sin corte alguno, por ello la ética es una vida histórica vivida y no momentos aislados de virtud. La filosofía moral es una necesidad para el hombre, pues en el hombre hay una necesidad metafísica insatisfecha. Y si el hombre es “capax Dei”, por qué no tratar de verlo.

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